Cortita y al pie

Modo Borracho

Sería el año 2000 más o menos. Por aquel entonces asistía a la Facultad en horario de tarde, y recuerdo que en alguna ocasión, cuando acumulaba 100 pesetas, convalidaba la clase de Fundamentos Metodológicos por irme a un ciber café que estaba en los bajos del Edificio Sevilla 2. Era una experiencia realmente orgasmo-adrenalínica. Llegabas allí, le dabas los 20 duros a la persona que estuviese al mando, y te asignaban un equipo informático para navegar por internet durante treinta minutos. En ese tiempo, tenías que conseguir que funcionase la red, entrar en el chat de Terra, hacerte un Nick ingenioso, y que alguien te diera conversación. Una tarde se alinearon los astros, y tras hablar siete minutos con Morenita83, terminé mi sesión con su número de teléfono antes de que sonara la bocina. Andrea, así me dijo que se llamaba, y así la registré en la agenda de mi Alcatel One Touch verde militar de antenita recortada. A partir de ahí, comenzamos un electrizante juego de seducción, yo le daba toques, y ella me los respondía algunas veces. Era brutal como se aceleraba el corazón cuando lanzabas la perdida. Si me venía arriba, incluso proponía bucles de reciprocidad toquecil, pero para esto normalmente necesitaba el arrojo de alguna cervecita de más. En aquella época no existía el “Modo Borracho” para capar el uso del móvil bajo estados de embriaguez, siendo la experiencia más cercana a la castración cuando la antena del celular se te clavaba en la ingle.

Apunta interesante la iniciativa de esta patente china. Si activas el “Modo Embriaguez”, solo podrás volver a usar determinadas aplicaciones cuando seas capaz de demostrarle al teléfono que te encuentras en perfecto estado de lucidez. Para ello, te será requerida una prueba de “verificación de sobriedad” que consistiría en una especie de reto o código captcha. En mi caso, reconozco que aun estando en plenas facultades cognitivas, a veces las paso canutas para demostrarle a la máquina que no soy un robot. No sería la primera vez que identificando en una imagen las casillas en las que aparecen pasos de cebra, me salta el mensaje: “inténtalo de nuevo C-3PO”. Pero si, podría ser un invento práctico para salvar reputaciones.

Yo iría más allá, y propondría estudiar el desarrollo de una aplicación que permitiese hacer un escáner cerebral rápido e in situ. La idea sería poder obtener una medida de niveles en los neurotransmisores implicados con la regulación emocional.

Traduzco: los neurotransmisores son como unas sustancias químicas que andan por el cerebro comunicando señales de unas neuronas a otras, y que en concentraciones altas o bajas según de cual se trate, afectan e interfieren en nuestras emociones y estados de ánimo.

De esta forma, si tras el escáner se detecta actividad inadecuada en la serotonina, dopamina, acetilcolina o noradrenalina, lo que directamente habría que bloquear no sería el teléfono, sino la posibilidad de consumir alcohol u otras drogas. Cosas más fantásticas se han propuesto en Black Mirror y me extraña que todavía no estén patentadas.

Cuando se utiliza el alcohol como mecanismo de evasión, solo nos sumerge más profundo en nuestro malestar, por mucho que Homer Simpson lo identificase como causa y solución de todos nuestros problemas. Por ejemplificarlo, pensemos en una persona experimentando una ruptura reciente con posible predisposición a la sintomatología “tristona”. Esto implicaría unos niveles bajos de serotonina cerebral. Si añadimos al cóctel una batería de copas, y sumamos el efecto depresor del alcohol tras el episodio de consumo, ya tenemos batacazo gordo asegurado al día siguiente. Y si para rematar el combo, lo aderezamos con actividad telefónica inapropiada al amparo de la nocturnidad y alevosía, el efecto desolador adquiere unas magnitudes legendarias.

No está mal establecer controles para prevenir “liadas”, pero piensa que si no estás bien anímicamente, el primer control que debes establecer es NO BEBER. Si por el contrario, te encuentras feliz como unas castañuelas y decides disfrutar de una noche de excesos y moral distraída, puedes activar el “Modo Borracho”, pero igual y no estaría mal que te expusieras a pecho descubierto a las consecuencias de tus actos. Remendar los descosidos con entereza al día siguiente puede ser un buen ejercicio para la reflexión y el fomento del autocontrol en lo sucesivo. Por si alguien se quedó con la duda, yo tuve que examinarme en septiembre de Fundamentos Metodológicos y jamás le puse cara a la tal Andrea de mi Alcatel. Y aunque es una evidencia que los teléfonos son cada vez más inteligentes, para según qué cosas, nosotros seguimos siendo igual de gilipollas.

Jose Manuel Chirino

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3 comentarios en “Modo Borracho

  1. Maravilloso. Me ha hecho reír y reflexionar al mismo tiempo. Qué fácil evadirse y que complicado enfrentarnos.

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