Tenemos que hablar…

El principio de incertidumbre de Heisenberg, dice que no podemos medir simultáneamente y con infinita precisión un par de magnitudes conjugadas. Como mi mente siempre fue de ciencias, pero no mucho, para mí la incertidumbre es el tiempo de desasosiego que transcurre desde que un colega dice que te debe una colleja, hasta que finalmente te la da, y Heisenberg es el apodo de Walter White en Breaking Bad. FIN.

Y es que el ser humano de a pie, puede vivir felizmente mientras ignora la posición exacta de una partícula, pero si quieres joderle la vida, dile “tenemos que hablar”, pero no le digas cuando.

Las mujeres y los hombres de hoy, comulgamos fatal con la ausencia de certeza, y, sin embargo, nos acongoja pensar sobre el único suceso sobre el que tenemos absoluta certidumbre, la muerte.

En los años 70, un psicólogo llamado Walter Mischel, llevó a cabo un estudio con niños. Buscaba poner de relieve la importancia de la demora en la gratificación. Se le conoció como el Experimento de los Marshmallows (Los Marshmallows son lo que vienen siendo esponjitas dulces de chuchería, pero en Stanford). Básicamente, se situaba a un niño entre cuatro y seis años ante una golosina, y se le daba la posibilidad de comerla de inmediato, o esperar 15-20 minutos y poder obtener una recompensa mayor. Mediante este estudio, se pretendía identificar cuándo se desarrollan las capacidades de autocontrol y automotivación, entendiendo que, ayudando a demorar la gratificación, se mejoraba la inteligencia emocional. Tras catorce años de seguimiento, el autor comprobó que los niños impulsivos, los que se comían la esponjita sin espera, tenían baja autoestima y baja tolerancia a la frustración en la época adolescente.

Posiblemente, muchos de los adultos de hoy, seríamos de esos niños que se comían la golosina a la primera oportunidad, como dicen en mi pueblo, aceitunita comida, huesecito fuera. Estamos predispuestos para el refuerzo inmediato, y de la misma forma que buscamos el estímulo que nos aporte placer con el menor esfuerzo, repelemos las situaciones que anticipamos que nos harán transitar por emociones poco agradables. Tenemos a un solo clic el chute de dopamina inmediata, y en cuestión de minutos, sin movernos del sofá, podemos, por ejemplo, encargar comida de nuestro restaurante preferido. También a golpe de clic, podemos autosatisfacer nuestro deseo sexual, buscando por plataformas pornográficas infinitas los noventa segundos de la escena concreta que nos acompañe al orgasmo con la menor inversión de recursos. Ya no sería operativo soportar en el cine las dos horas y once minutos que dura “Show girls”, para reproducir más tarde y de memoria, el minuto y medio que dura la secuencia de la piscina. Gracias a la domótica, podemos manejar las luces de la vivienda prácticamente con pensarlo, y si le pedimos la hora al altavoz inteligente, nos ahorramos incluso el esfuerzo de girar la muñeca.

Lo peligroso de la dopamina inmediata, es su potencial adictivo, e igual que pedimos un shawarma sin quitarnos el pijama, podemos perder un buen puñado de euros en cuestión de segundos apostando desde el móvil a los sucesos posibles de un partido de tenis.

Nos cuesta implicarnos sentimentalmente porque estamos enganchados solo a lo estimulante de los principios, pero también nos cuesta soltar cuando estamos enganchados emocionalmente porque nos da miedo peregrinar por un periodo que anticipamos de malestar indefinido. Por acto reflejo, tendemos a huir y a repeler las emociones negativas. Necesitamos que el duelo y el dolor pasen ya, y con frecuencia, sufrimos más por el tiempo que pensamos que vamos a estar sufriendo, que por la pérdida en sí misma. Al igual que en la cocina, hay emociones que necesitan ser elaboradas con dedicación y a fuego lento, pues ponerlo todo a procesar a la máxima potencia, nos puede precipitar un final inadecuado.

Y tú, ¿cómo gestionas la incertidumbre? ¿Alguna vez has ido conduciendo y has tenido la sensación de superar la velocidad permitida en un tramo controlado por radar? En ese momento, ¿has necesitado que pasasen dos o tres semanas lo más rápido posible para saber si la DGT te notificaba o no una sanción? Putada esta, a mí me pasa y me lo estoy trabajando. Desearía que en el mismo momento en que se comete la infracción, se recibiese un SMS con el texto: “su multa, gilipollas, puede seguir circulando tranquilo”. Procuro concienciarme de que repasar una y otra vez mi actuación buscando el argumento o la imagen mental que me aporte calma, ya no influirá en el resultado final. Intento pensar que no pasa nada, que lo peor, de lo peor, de lo peor que puede ocurrir, es que sí, que me hayan sancionado, y que, a unas malas, todo quedará resuelto con algunos puntos y un puñado de euros. ¡Da coraje!, pero analizado racionalmente, es una incertidumbre tolerable, como todas en realidad, porque en la vida, muchísimas veces, no hay más remedio que aceptar y aprender a llevarse con la inseguridad. Puede que este ejemplo concreto sea una nimiedad, pero piensa que nuestro paso por este mundo se antoja demasiado fugaz, como para vivir constantemente necesitando que el tiempo pase deprisa para obtener respuestas. TODO NO PUEDE SER YA, PERO YA PUEDES HACER MUCHAS COSAS CON LAS QUE SENTIRTE BIEN SIN LA NECESIDAD DE CONTROLARLO TODO.

Hasta le fecha, las emociones no se rigen ni se regulan siguiendo algoritmos matemáticos. Existen porque son adaptativas y necesarias, y en lo apasionante de su manejo y comprensión, está uno de los retos más maravillosos a los que nos enfrentamos los seres humanos. CHATGPT podrá ayudarte con el TFM y Google te dirá en cuestión de milisegundos cuál es la capital de Sri Lanka, pero por mucho que se lo preguntes a Alexa, ésta nunca sabrá decirte si tu pareja te querrá para siempre.

Jose Manuel Chirino

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2 comentarios en «Tenemos que hablar…»

  1. Ciertas tus palabras.
    Nuestras emociones aveces son consecuencias de nuestras vivencias o carencias. Controlar o como sentirse pienso que depende de la capacidad de consciencia que tengamos sobre ellas. Y a su vez el poder gestionar a través del conocimiento de uno mismo. Saludos

  2. Me ha encantado tu forma de relacionar el principio de incertidumbre de Heisenberg con situaciones cotidianas. Es cierto, la incertidumbre es como ese tiempo entre que te prometen una colleja y finalmente la recibes, una sensación que todos hemos experimentado en algún momento.

    El experimento de los Marshmallows es un ejemplo brillante de cómo la capacidad de demorar la gratificación está estrechamente ligada al desarrollo emocional y la autoestima. Nos muestra cómo nuestra predisposición hacia la gratificación inmediata puede afectar nuestra vida a largo plazo.

    Tu reflexión sobre la sociedad actual y nuestra búsqueda constante de estímulos rápidos es muy acertada. Vivimos en una época donde la dopamina instantánea está al alcance de un clic, pero también nos enfrentamos a la dificultad de lidiar con emociones menos placenteras. La incapacidad para tolerar la incertidumbre y el malestar emocional puede llevarnos a buscar escapismos rápidos y superficiales.

    La analogía sobre la velocidad permitida y la espera de una posible multa es muy ilustrativa. Es cierto que a veces necesitamos aprender a convivir con la incertidumbre y aceptar que no todo puede resolverse de inmediato. Es un recordatorio valioso de la importancia de vivir el presente y no dejarnos consumir por la ansiedad del futuro.

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