
“Cariño, ¿dónde prefieres cenar? – Me da igual, elige tú”
Y en realidad no te da igual, pero prefieres que sea la otra persona quien tome la decisión para echarle la culpa si algo no sale como tenías previsto. ¿Te identificas con este patrón? Si la respuesta es SI, tengo una buena noticia y otra menos buena. La menos buena es que cuando actúas de esta forma eres un verdadero COÑAZO, y la buena, que está en tus manos la posibilidad de invertir la dinámica.
Y no es extraño que en la misma persona coincidan el “don de la Indecisión” con el “Gen de la Insatisfacción”:
“Rodolfo, ¿te gustan las nuevas cortinas que elegí?” – Me gustaban más las que teníamos antes.
¡Joder Rodolfo! ¡Que no se trata de comparar! Que una cosa puede estar bien en sí misma y ser ya suficientemente buena. ¿Te imaginas que tu pareja te compara todas las noches con Mario Casas cuando se acuesta contigo? ¡Telita Rodolfo…!
Y así, infinitos ejemplos:
- Quien no se moja con la nueva serie que ver en Netflix, pero a los cinco minutos del primer capítulo te envía señales directas de aburrimiento.
- Quien nunca busca un alojamiento en Booking, pero es el primero en quejarse si la reserva no incluye desayuno.
- Quien te deja siempre el marrón de conducir en una ciudad desconocida, pero se sienta a tu lado y parece Luis Moya.
- Quien se aburre del Tinder a diario mientras espera que en el próximo lote aparezca un soltero más interesante.
Y lo peor, es cuando se completa el triunvirato:
Don de la Indecisión + Gen de la Insatisfacción + Necesidad de control.
Esto es, quien necesita la certeza de hacer siempre una elección “perfecta”, pero se siente incapaz de asumir “riesgos” y consecuencias con seguridad a la hora de tomar decisiones. Dejo varias ideas en modo random, que pueden facilitar la reflexión para salir de vez en cuando de este círculo vicioso, o no.
- La perfección está ultra sobrevalorada. No necesitas cada día de tu vida tomar la “mejor decisión” con respecto a todo. La mayoría de las veces, si la elección “está bien” y te sirve, es más que suficiente.
- Si te compras un vuelo sin posibilidad de reembolso, desde ese mismo momento pasan a importarte una mierda el resto de vuelos y sus precios. Nada de seguir chequeando internet los días siguientes para comprobar si están más baratos o más caros. Tu elección YA es lo suficiente buena.
- Decide cada día sobre algo poco trascendente sin pensar demasiado en todas las alternativas posibles y asumiendo riesgos razonables.
- Quien no decide habiendo tenido la posibilidad de opinar y decidir, pierde el derecho al pataleo. Una obviedad a la que debes darle la vuelta cuando seas tú la persona que asuma riesgos y decisiones.
En un mundo lleno de variables incontrolables, donde estamos sometidos a la toma de decisiones de forma casi constante, NO hagas de cada elección un proceso tan aparatoso y trascendental. Recuerda que la funcionalidad o resultado de tu decisión no viene necesariamente marcado por la comparación con las alternativas no elegidas. Si cometes errores, acepta y relativiza, porque seguramente tendrás nuevas oportunidades para volver a equivocarte si es preciso. Y si eres de las personas que esperan a las elecciones de los demás para actuar de juez acusador, la buena noticia vuelve a ser que está en tu mano la posibilidad de cambiar, pero la mala es, que esta decisión, nadie podrá tomarla por ti.
Jose Manuel Chirino
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2 comentarios en «El don de la Indecisión»
¡Con lo bien que sienta quejarse, hombre!
Ahora en serio, cómo psicólogo, ¿crees que la gente teme en decidir por el qué dirán o el qué dirá (él mismo)?
Desde un punto filosófico, creo que al hombre le importa (o preocupa, si se prefiere) más la estética que la ética. Me gustaría saber tu opinión desde la experiencia. Gracias.
Pues mira, no tendría una respuesta categórica parea sentar cátedra, pero si que esta reflexión conecta perfectamente con uno de los próximos artículos que voy a publicar y que habla sobre el condicionante vital que nos suponen las opiniones de los demás. Muchas veces el (uno mismo) es consonante en la medida en que sabemos que también es consonante para los demás. Gracias a tí por tus comentarios y reflexiones