El arte de perdonar

Piensa en una cosa que te haya sucedido, y que, a día de hoy, consideres imperdonable. Cuando lo tengas, apártalo, volveremos a retomarlo. Te anticipo, que afortunadamente, a más de un 90% de las personas, nunca nos suceden cosas objetivamente imposibles de perdonar. Desgraciadamente, hay vejaciones psicopáticas muy graves que sí, que son realmente imperdonables, pero en esta ocasión, no serán el objeto de análisis. Tampoco pretendo crear un debate moralista, si no hay que perdonar, NO SE PERDONA, pero me gustaría ofrecerte una perspectiva diferente y mostrarte las ganancias que ofrece el perdón para la persona que lo practica.

Era febrero de 2011. En esa época, yo mantenía un idilio tóxico-sistemático con la Oposición PIR, cada invierno me presentaba al examen, y cada invierno, por sistema, lo suspendía. Con independencia del resultado, las semanas posteriores a la prueba siempre suponían una reconexión con el ocio y el asueto. Aquel año, mientras reconectaba con mi vida social en una noche febrerina y febril de sábado, me vi envuelto en un suceso de esos que siempre piensas que sólo le pasan a los demás. Resumidamente, estuve donde quizás no tenía que estar, tropecé con quien no debí tropezar, y sobrevaloré dos cosas: primero mi habilidad verbal de negociar, y segundo, mi capacidad de sprint para huir por patas. Sin tiempo a digerirlo, y tras cruzar un par de frases con otro chico que no fueron más allá del “cuidado que me has pisado”, me vi saliendo de un bar a toda leche para evitar ser alcanzado por un grupo de personas sensiblemente iracundas. A juzgar por los objetos que me lanzaban y los epítetos que vociferaban, entendí que no querían dirimir nuestro litigio jugando a las palabras encadenadas. Esa noche, que ya ha pasado a la historia como el momento más terrorífico que jamás viví, debo agradecer a la vida la oportunidad de poder contarlo, pues mis únicas posibilidades de defenderme, habrían pasado por sacar papel y boli, y escribirles un romancero. Pude correr unos 100 metros hasta que me dieron alcance, iluso de mí que una vez creí que se me daba bien el running. Aquella noche, atenazado por el miedo, como en los sueños en los que quieres correr y no puedes, parecía que estaba huyendo de Usain Bolt y Michael Johnson.

En mi caso, y a pesar de todo, tuve la suerte de no sufrir ninguna consecuencia irreparable a medio plazo, y a día de hoy, me siento afortunado y en paz por no guardar rencor a los protagonistas por lo sucedido. Si la vida tenía algo que enseñarme con ese suceso, os aseguro que lo recogí.

Como dijo Paul Boese, “El perdón no cambia el pasado, pero amplía el futuro”. No podemos deshacer que nuestra pareja se haya enamorado de otra persona. El resentimiento y la ira, aunque tienen un efecto profiláctico, solo son útiles a corto plazo, pero no son la fórmula adecuada cuando necesitamos pasar de página. En este sentido, ser capaz de perdonar una traición, no significa excusar el comportamiento del agresor, pero si puede ser una forma elegante de devolver la ofensa.

A la hora de sobrellevar una infidelidad ¿Sabes a cuántas personas les ha servido para sanar a medio y largo plazo la estrategia de hacer la vida imposible a su ex? Te lo digo yo, a un total de CERO unidades. Una vez pasada la rabieta inicial, que es saludable y de pleno derecho, seguir centrados en el comportamiento del otro, es poco práctico. Puedes quitarle la casa, el coche, el perro, la custodia compartida… pero no podrás arrebatarle las mariposas del estómago.

Entonces, ¿cómo puedo no sentirme herido en mi ego cuando alguien me traiciona? Personalmente, intento aplicar una forma de análisis e interpretación que me ayuda bastante a relativizar y no atascarme en la ofensa, y que se resumiría en la siguiente frase:

“Cada uno hace las cosas lo mejor que puede con lo que sabe y con lo que tiene”

Me sirve entender y pensar, que detrás de cada persona que obra mal para conmigo, hay una realidad personal en constante evolución y conflicto. Soy de la opinión que, la mayoría de la gente (obviemos aquí analizar casos excepcionales de psicópatas y sociopatía) no pretende en su finalidad última hacernos el mal cuando actúan en nuestro perjuicio. Por ejemplo, desconozco si alguna vez me han puesto los cuernos, pero si alguien lo hubiese hecho, estoy plenamente convencido de que no fue con la intención de hacerme daño. De esta forma, la hipotética deshonra para mi ego, sería solo un menoscabo colateral de la actuación desafortunada de quien procede legítimamente buscando su felicidad. Es posible que tengas que volver a leer el párrafo a partir del “por ejemplo”. Si lo haces, intenta hacerlo con la máxima apertura mental. No se trata de una apología a la infidelidad, es simplemente un ejercicio de reestructuración cognitiva para relativizar y afrontar aquello que ya no es posible cambiar. Es mucho más fácil perdonar y pasar de página, cuando no nos enrocamos en las malas intenciones de los demás, entendiendo que cada cual, actúa en cada momento lo mejor que puede con lo que sabe y con lo que tiene.

Y aunque no es la panacea, esta forma de interpretar, me sirve para comprender y perdonar a quien se caga en mis muertos cuando tardo dos segundos en arrancar con el semáforo en verde. Sin duda, esa persona no tuvo la suerte de conocer la bondad de mis abuelos, y seguramente, con su temperamento e impulsividad, tendrá problemas en sus relaciones con los demás. Como dije en otro post, también perdono a las mujeres que alguna vez hayan podido romper mi corazón mientras buscaban la plenitud del suyo en el juego del amor. Perdono a quien blasfemó, difamó e infundió rumores falsos sobre mí, pues comprendo que no lo hizo por destruirme, sino por su inseguridad y sus ansias de poder. Perdono a la persona anónima que en la última feria de mayo me vomitó de forma repentina sobre la espalda, no sé quién eres, pero estás perdonado. Si me escribes, nos tomamos una cerveza, llevaré Primperan. No juzgo a quien me hace ghosting, porque a buen entendedor, pocas palabras le bastan. Perdono a quien me miente y al que se cuela en el baño. Comprendo a las amistades que desaparecen de mi vida cuando conocen a una pareja, podéis volver sin reservas cuando lo necesitéis, os garantizo que me encontrareis sin condiciones, os quiero. Perdono a la gente anti reggaetón, porque en la defensa prejuiciosa de su opinión, solo esgrimen como argumento descalificaciones a lo desconocido. Con carácter retroactivo, disculpo a los compañeros de Colegio que alguna vez intentaron hacerme bulling, sin éxito, por cierto, porque hace 30 años no conocíamos la palabra bulling. Y también disculpo al vecino, que por alguna razón que seguro se me escapa, da un portazo tremendo cada vez que entra o sale de casa. Si algún día necesitas sal, aquí está tu hombre, y si cierras con un poco más de ternura, mi corazón y el quicio te lo agradecerán.

Y a ti ¿Qué era eso que te resultaba imposible de perdonar? ¿Has intentado realmente hacer el ejercicio de comprender las posibles razones, necesidades o condición que tenía la persona que te causó el perjuicio? No se trata de convertirse en un Mesías Mr. Wonderful, se trata simplemente de gestionar tus emociones de forma inteligente y adaptativa en tu propio beneficio. Al perdonar a un familiar que te ha vendido por una herencia, no lo exculpas de sus actos ni compartes su actitud, pero dejas de atormentarte por la traición, y eso sin duda, amplifica tu bienestar emocional. Piensa que la vida de esa persona, posiblemente se reduzca a bienes materiales, y la tuya es mucho más rica que todo eso, quien perdona, descansa. Como empezaba contando, hoy me siento en plena paz con los chicos que hace unos años me dieron la del pulpo, todo está perdonado y la vida proveyendo a cada cual. Eso sí, para siempre quedó entre nosotros un acuerdo tácito, y al igual que yo nunca volveré a determinados contextos, ellos difícilmente leerán mis artículos.

Jose Manuel Chirino

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4 comentarios en «El arte de perdonar»

  1. Que bien lo describes…que fácil haces que encamine el pensamiento… Saludos!

  2. Excelentemente explicado. Gracias a la asistencia de profesionales como tú, leer y la madurez todo esto es posible. Estoy totalmente de acuerdo y ánimo al mundo a ponerlo en práctica sobretodo por eso. Porque cuanta más gente sana en todos los sentidos haya en este planeta mejor estaremos todos. Saludos magnífico!

  3. Buena frase! Incluida en mis mantras matutinos, me ayuda a entender y aceptar! Muchas gracias
    Un abrazo compañero

  4. Holaaaa!!!
    Que bueno volver a leerte y con un tema tan duro de pelar…
    Qué difícil es en ocasiones gestionar el perdón!
    La mente tendría que estar al servicio de la inteligencia y de la consciencia, pero cabalga a sus anchas y nos atrapa en el pasado mientras el futuro nos colapsa y nos presiona, pero cuando aprendemos a reconectar con nuestro presente, a descolgarnos del pasado y aprender a dejarlo morir y sobre todo aprender a perdonar, se nos abre una ventana de aire fresco que te inunda de paz, que te hace vivir el presente, porque no hay más que eso…presente.
    Y yo quiero ,como dice Machado, “vivir ligera de equipaje” soltar todo lo que me pesa y ser libre.
    Con tus reflexiones me ayudas cada vez que te leo.
    Mil gracias y como siempre un cariñoso saludo.

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