
En más de una ocasión, trabajando en consulta con alguna pareja en crisis, esta ha puesto sobre la mesa la posibilidad de abrir la relación como fórmula desesperada para recuperar la pasión y la armonía. Ante esto, yo respondo con una pregunta: El comodín del bebé, ¿ya lo habéis utilizado? ¡Quieto!¡No es buena idea solucionar el caos generando más caos!
Como en otras ocasiones, no es mi intención exponer verdades absolutas, solo reflexiones opinables, que, en mi caso, están basadas en más de 15 años de trabajo en consulta, y unos 25 de experiencia como sujeto participante en relaciones sentimentales y pseudosentimentales (tengo 43, pero de chico ligaba poco).
Desde hace unos años, proliferan derivados y ramificaciones del concepto “Relaciones abiertas”: poliamorosas, con apertura emocional, relación abierta platónica… en lo que nos ocupa, y por concretar, este post lo vamos a centrar en la Relación abierta clásica, lo que viene siendo comer de vez en cuando fuera de carta, pero en un acto estanco de afecto e implicación emocional.
Esto existe desde siempre, hasta cuando no se les ponían tantos nombres a las cosas. De hecho, seguro que hay gente que está viviendo una relación abierta y aún no lo sabe. Este sería el caso de una relación abierta unilateral, la que se abre solo hacia un lado, donde la mano izquierda no sabe lo que hace la derecha, la canita al aire por despecho, la que deja en Conil, lo que pasa en Conil, o el grupo de “cuñaos” que se van de despedida una vez al lustro, y a los cinco minutos está ubicando puticlubs. Lógicamente, aunque no censuro, esta dinámica no me parece la más oportuna.
Lo primero de todo para construir algo medianamente saludable, es disponer un CONSENSO SIMÉTRICO. Las cartas bocarriba, esto es, comemos todos fuera de carta, pero vamos a estudiar antes los alérgenos. Con las cartas bocarriba en este contexto, no me refiero al sincericidio, más adelante entraremos en los acuerdos. Básicamente, me refiero a que, si existe la opción de darse una alegría sexual con quien no es, que exista de forma explícita, igualitaria y consentida para todos los miembros de la pareja.
Adelantándome a las conclusiones, y partiendo siempre desde el consenso mutuo, me atrevería a decir, que una de las claves para que la cosa funcione, podría estar en abrir la relación, pero no mucho. Sería como un posicionamiento tipo Ciudadanos, progre, pero a la vez conservador, y con riesgo a naufragar si no se define adecuadamente.
¿Y cómo definiría una relación abierta pero no mucho? Es decir, ¿cuáles podrían ser los pilares de una relación abiertita saludable? Disparo, y recuerda, es solo mi opinión:
- Para que sea saludable, el sexo con personas ajenas a la pareja, no debería ser el centro o el motor que moviese la relación. No esperes milagros de esta práctica implantándola en una relación que de base no funciona. La confianza mutua, la pasión, la complicidad y el compromiso tienen que darse antes de cualquier apertura.
- El uso de Tinder o similares para buscar candidatos con este fin, me resulta controvertido, premeditado y peligrosamente alienante, pero quizás en esta parte, sea a mí a quien le falte apertura. Abrimos la relación siendo coherentes con los postulados biológicos que apuntan a que el modelo monógamo puede ser algo limitante (Ver herencia monógama), pero pretendemos compartir y forjar con nuestra pareja un plus de libertad y complicidad, no generar una necesidad y buscar saciarla de forma proactiva.
- Las reglas pueden ir en un continuo de mayor a menor laxitud. Son revisables, y no las hay buenas ni malas en sí mismas, pues todo depende de la pareja en cuestión. Lo único importante, es que sean definidas y aceptadas de forma simétrica y bilateral. Una regla INNEGOCIABLE, sería el uso del preservativo. Y un anexo a esta última regla en caso de no cumplirse, sería tomar la responsabilidad de contarle la verdad a la pareja (harto complicao esto).

- No utilizar el recurso estando enfadados. No te pagues un cabreo con tu parienta echando un polvo satélite a destiempo, esto solo puede ensuciar lo construido. No por estar en un buffet, hay que comer por comer. Valora y cuida el recurso, pero no folles por hambre emocional.
- Si tenéis dudas para dar el paso, puede ser una práctica interesante comenzar organizando alguna experiencia compartida y ver sensaciones. Pero recuerda, requisito previo, que ya exista entre vosotros confianza, complicidad, pasión, compromiso y cuidado mutuo.
- No contar ni preguntar más de lo necesario, por mucho que al principio pueda resultar divertido, en un alto porcentaje de casos, esta práctica lleva más a perder que a construir. El termómetro más importante, es el afecto percibido, y eso está por encima de las palabras.
- Convertir el recurso en un extra sin premeditación, donde siempre prioricemos nuestra relación y las emociones de nuestra pareja. Piensa si estás siendo leal cuando repites plato de forma planeada, revisa las reglas consensuadas, y si esto no es coherente con las pautas, revisa tus sentimientos.
- Evita contaminar el entorno natural de la pareja. Esto viene siendo que, si vivís en Trebujena, te acuestes como mínimo con alguien de Langreo, y corto me quedo.
Y aunque esto no es válido ni aplicable para cualquier pareja, termino exponiendo un concepto y una técnica utilizadas en psicología, que quizás ayuden a comprender, cómo la flexibilidad y la apertura moderada de una relación en una pareja bien establecida, puede funcionar y cohesionar el vínculo:
Por un lado, tenemos la reactancia psicológica, que es una respuesta emocional que surge en forma de rebelión cuando una persona percibe que se limita su libertad legítima (recuerda, somos biología). Y, por otro lado, tenemos la intención paradójica, formulada por Viktor Frankl y utilizada para prescribir el síntoma, es decir, pedirle al paciente que haga y fuerce, justo aquello que le preocupa y evita, con el fin de que pierda fuerza e interés en el fenómeno. Por ejemplo, en casos leves de insomnio, pedirle al paciente que intente por todos los medios permanecer despierto, como en las películas de Freddy Krueger, y ya sabéis como terminaban.
Te dejo procesando las ideas del párrafo anterior, pero que igual, si el grupo de cuñadas saliera con más frecuencia… Al final, verás si me termino metiendo en aguas tapadas.
A mí, como gran comedor y amante de la Gastronomía, me encantan los restaurantes buenos que te ofrecen pescado fuera de carta a precio según mercado, pero al final, siempre termino pidiendo ensaladilla y revuelto. Compararía el hecho de tener una relación un poquito abierta, con disponer en el coche de los mejores airbags de seguridad, como que me gusta saber que eso está ahí, pero que, si no hay que ponerlos a prueba, casi que mejor. Y por supuesto, lo que pase en Langreo, se queda en Calatrava.
Jose Manuel Chirino
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